El ácido hialurónico y el Botox (nombre comercial de una toxina botulínica) son tratamientos inyectables, no quirúrgicos, pero cumplen con distintas funciones. El ácido hialurónico es un relleno dérmico: se aplica para recuperar volumen, hidratar, proyectar o definir zonas como labios, pómulos, surcos nasogenianos, mentón, línea mandibular u ojeras seleccionadas. Su efecto se basa en aportar soporte bajo la piel y mejorar contornos faciales. El Botox, en cambio, actúa sobre el músculo: relaja temporalmente la contracción muscular que genera arrugas dinámicas, como las líneas de la frente, el entrecejo y las "patas de gallo".
En términos sencillos, el Botox trata movimiento y el ácido hialurónico trata volumen, soporte o definición. Por eso, el Botox suele indicarse en pacientes con arrugas de expresión, gesticulación marcada o prevención de líneas dinámicas; mientras que el ácido hialurónico aplica mejor en pacientes con pérdida de volumen, asimetrías leves, labios poco definidos, surcos profundos o contornos faciales que requieren estructura. No se trata de elegir uno como "mejor", sino de entender qué problema se quiere corregir y en qué plano anatómico debe trabajarse.
En muchos casos, ambos tratamientos pueden complementarse para lograr un resultado más armónico. La toxina botulínica suaviza la fuerza muscular que marca la piel, mientras el ácido hialurónico restaura proporciones y soporte facial. La indicación debe hacerse mediante valoración médica especializada revisando edad, anatomía, calidad de piel, antecedentes, expectativas y seguridad del procedimiento. Un buen resultado no debe verse exagerado ni modificar la identidad del paciente, sino mejorar la expresión, el equilibrio facial y la naturalidad del rostro.
En Colombia, según la normativa vigente del Ministerio de Salud y el Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos (Invima), los procedimientos que incluyen botox o ácido hialurónico deben ser realizados por profesionales de la salud como médicos y odontólogos. Por esa razón, el doctor Mauricio Aristizábal, siendo otorrinolaringólogo y cirujano facial, es una de las opciones más seguras y confiables en el país.