La República de Colombia se consolida como destino de turismo de salud desde hace varios años. No sólo por su atractivo turístico, conocido como el país de las maravillas, o el país cafetero, sino porque ha logrado unir conectividad, atención médica especializada y capacidad de servicio con excelencia. El Ministerio de Comercio, Industria y Turismo reportó que en 2024 el país recibió 6.696.835 de visitantes no residentes, un crecimiento de 8,5 % frente a 2023. Ese contexto es importante porque en una nación que recibe más viajeros, con mejor operación turística y más visibilidad internacional, también se crean mejores condiciones para que un paciente extranjero venga, se atienda y se recupere con mayor confianza y seguridad.
El turismo de salud ya está reconocido dentro de la planeación pública del sector. En el Plan Sectorial de Turismo 2022–2026, el Ministerio de Ciencias y Tecnologías, indicó expresamente que, por mandato de la Ley 2068 de 2020, el plan debe contener elementos para tipologías específicas en el turismo de salud. A su vez, el Ministerio de Salud explicó que el Sistema Único de Acreditación permite a los prestadores demostrar niveles altos de calidad, y subraya que esto también fortalece su competitividad internacional para exportar servicios de bienestar y salud. Es decir, Colombia no está promoviendo este campo desde el discurso vacío, sino desde la política pública con altos estándares de calidad.
Ese posicionamiento resulta especialmente fuerte en áreas como la cirugía plástica, la cirugía facial y la otorrinolaringología, porque son especialidades donde el paciente internacional suele buscar algo más que un procedimiento aislado. El propio Ministerio de Salud promueve la diferencia entre cirugía plástica estética, orientada a modificar la apariencia sin efectos funcionales u orgánicos, y cirugía plástica reparadora y funcional, dirigida a mejorar o restablecer funciones del cuerpo humano que mejoran la calidad de vida. En la práctica facial moderna, esas fronteras muchas veces se encuentran. ACORL, la Asociación Colombiana de Otorrinolaringología, explica precisamente que la rinoplastia corrige defectos anatómicos, estéticos y funcionales en un solo procedimiento realizado por un especialista. Por eso Colombia resulta competitiva en cirugías de nariz, párpados y rejuvenecimiento facial, dado que, no vende sólo belleza, vende criterio anatómico, función, armonía y bienestar.
La calidad del talento médico colombiano también tiene un soporte institucional serio. ACORL es la entidad científico-gremial que representa a los otorrinolaringólogos del país, los certifica y promueve su actualización constante. La Sociedad Colombiana de Cirugía Plástica Estética y Reconstructiva, por su parte, agrupa cirujanos plásticos entrenados y certificados con programas académicos avalados por universidades. Y esa base profesional dialoga con la calidad hospitalaria del país. En junio de 2025, ProColombia destacó que, en una revisión de AméricaEconomía sobre 190 hospitales y clínicas de 12 países latinoamericanos, casi la mitad de las 42 mejores instituciones de la región eran colombianas, y cuatro colombianas estaban en el top 10. Esto fortalece la presencia de un ecosistema fuerte para el turismo de salud.
En ese escenario, el Dr. Mauricio Aristizabal es un buen ejemplo del tipo de perfil que fomenta el prestigio de Colombia en cirugía facial y de nariz. Su labor, no sólo en la parte estética, sino en instituciones como la Liga Contra el Cáncer, realizando procedimiento reconstructivos, lo ubica en Pereira como un otorrinolaringólogo referente de alto nivel. Por esa combinación entre base otorrinolaringológica y enfoque en cirugía facial, se encuentra ubicado como una de las mejores opciones en el país para los pacientes que buscan una atención seria, equilibrada y técnicamente bien sustentada dentro del turismo de salud en Colombia.